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FUNAE y el desafío de llevar a luz a todos los mozambiqueños

Establecer una relación directa entre el desarrollo económico acelerado

Establecer una relación directa entre el desarrollo económico acelerado y la mejora de la calidad de vida de las poblaciones es un desafío al que Mozambique se enfrenta en su día a día. FUNAE es una de las instituciones dedicadas a trabajar para reforzar este equilibrio y, para eso, ha invertido fuertemente para hacer llegar a luz eléctrica a todos los mozambiqueños a través de las energías renovables.

El desafío que supone es, sin embargo, mayor que invertir apenas en la instalación de fuentes de energía alternativa. El verdadero desafío consiste en formar a la población, crear un ecosistema que asegure el mantenimiento y operatividad de los sistemas instalados y, al mismo tiempo, garantizar la sostenibilidad de este esfuerzo.

 

El Desafío del Mantenimiento y Operación de los Sistemas Fotovoltaicos en Mozambique

El proceso de desarrollo económico de Mozambique es una prioridad máxima en la agenda política del país. Esta ha sido fuertemente apalancada por los recientes hallazgos de recursos naturales de carbón y gas.

De entre los varios sectores económicos, el energético se reviste de una importancia estratégica en esta dinámica de desarrollo.

Aunque haya aumentado en los últimos años, el acceso a la energía eléctrica todavía no está generalizado, existiendo aun zonas rurales que no tienen acceso a energía eléctrica.

Para minimizar este efecto, fue creado en 1997 FUNAE, Fondo de Energía que tiene por objetivo el desarrollo, la producción y el aprovechamiento de diversas formas de energía a bajo coste, teniendo en cuenta el abastecimiento de las zonas rurales y de las poblaciones necesitadas.

En la consecución de su misión y estrategia de promoción de las energías renovables en las zonas rurales, FUNAE realizó en todo el país, más de 500 proyectos de instalación de sistemas fotovoltaicos en stand-alone (300W, 600W, 1.200W e 1.500W) y sistemas centralizados (4.000W), que permiten el acceso a la energía eléctrica a diversos tipos de usuarios, como tiendas, escuelas, centros de salud, o a la policía, entre otros.

 

Para asegurar la sostenibilidad del sistema, FUNAE ha adoptado varios modelos de operación y mantenimiento de los sistemas instalados. No obstante, estos modelos se han revelado insuficientes en términos de respuesta, sobre todo debido a la calidad de los trabajos realizados por las empresas privadas de mantenimiento que fue inferior a la prevista, así como debido a las restricciones financieras que han impedido el efectivo funcionamiento de los modelos de operación y mantenimiento.

 

Un Ecosistema de Mantenimiento y Operación como Respuesta

En este ámbito, FUNAE estableció como prioridad la definición de una estrategia de mantenimiento y de operación de los sistemas fotovoltaicos instalados, para garantizar la sostenibilidad de la energía renovable a través de os sistemas instalados.

Para ello adoptó un enfoque multidimensional, en el que la componente técnica (directamente relacionada con los aspectos de mantenimiento de los sistemas) es importante, pero donde lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de esas estrategias para la creación de un verdadero ecosistema de soporte a la operación y mantenimiento de los sistemas instalados y que asegure la necesaria sostenibilidad.

Como soporte al diseño de la estrategia, fueron definidas seis dimensiones principales, consideradas como factores críticos de éxito para la creación del ecosistema referido: i) Comunidad de usuarios; ii) Prestadores de servicios; iii) Mantenimiento de los sistemas; iv) Modelo de gobierno (papel de los varios stakeholders); v) Seguimiento y monitorización; y vi) Modelo de financiación.

 

 

La estrategia definida respondió directamente a las dimensiones identificadas para el diseño del ecosistema, materializándose en soluciones prácticas y pragmáticas, como por ejemplo en la:

  • Formación a los usuarios de los sistemas fotovoltaicos sobre las mejores prácticas de utilización de los equipamientos y acciones preventivas a adoptar (uno de los problemas identificados estaba relacionado con su inapropiada utilización);
  • Dinamización de los negocios locales, incluyendo:
  •   Ventas en consignación de consumibles en los establecimientos locales (p.e. lámparas, agua destilada – críticas para el mantenimiento de los paneles);
  •    Servicios de mantenimiento.
  •  Reasignación de los sistemas que se vuelven insostenibles debido a la falta de pago por parte de los usuarios;
  • Creación de kits de mantenimiento preventivo;
  •  Adopción de nuevos procesos, p.e. para la obtención de agua destilada;
  •  Refuerzo de los mecanismos de cobro, comprometiendo a las comunidades locales con el proceso. 

 

Algunas Lecciones Aprendidas

  • Ligar la estrategia a la realidad del terreno– Percibir los problemas y las limitaciones reales del día a día de las comunidades utilizadoras y gestoras de los sistemas fue fundamental para la definición de una estrategia que responde efectivamente a problemas reales.
  • Adoptar soluciones prácticas– Una estrategia de mantenimiento y operación debe encontrar alternativas reales para superar los problemas – p.e. si hay dificultades para hacer llegar a las poblaciones agua destilada, que es fundamental para el proceso de mantenimiento de las baterías de los paneles, ¿por qué no adoptar una solución de producción local de agua destilada?
  • Responsabilización y reconocimiento de los stakeholders– Cada uno de los stakeholders representa un papel fundamental para el funcionamiento equilibrado del ecosistema; se considera, por eso, fundamental adoptar medidas que permitan promover su implicación, creando anclas de atracción, a su responsabilización (en un modelo de “regulación” sin gran complejidad) y el necesario reconocimiento de esa participación.
 

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